Los arrecifes sostienen el 85% del turismo dominicano, ¿quién los protege?
Para algunos, un arrecife es solo parte de lo prometido en una excursión. Para otros, un arrecife representa su sustento diario. Lo cierto es que, para República Dominicana y otros países, funciona como un muro sumergido que reduce la fuerza de las olas antes de que alcancen la costa.
Los arrecifes de coral pueden disminuir hasta un 97% la energía de las olas, funcionando como barreras naturales contra inundaciones. Esta protección es fundamental para casi 200 millones de personas que dependen de ellos para reducir el impacto de las marejadas ciclónicas y las olas.
Entender cuánto vale esta protección y qué amenaza su supervivencia es un primer paso. El siguiente paso consistiría en identificar qué podemos hacer cada uno, desde nuestras distintas posiciones dentro de la sociedad, para conservar los arrecifes de coral.
¿Por qué importan tanto los arrecifes?
Aunque parecen solo rocas, los arrecifes están formados por colonias de animales diminutos llamados corales. Sus estructuras crean hábitats donde numerosas especies marinas encuentran alimento, refugio y espacios para reproducirse.
Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), los arrecifes albergan una proporción extraordinaria de la biodiversidad marina. También contribuyen a la pesca, el turismo y la protección de las comunidades costeras.
Un estudio científico publicado en Nature Communications, disponible en el Servicio Geológico de Estados Unidos, estimó que los arrecifes reducen, en promedio, el 97% de la energía de las olas. En un país expuesto a tormentas y huracanes, esa función tiene consecuencias económicas y sociales.
El turismo y la cifra del 85%
Durante la inauguración del renovado Centro de Innovación Marino, en Punta Cana, el empresario Frank Rainieri afirmó que los arrecifes sostienen el 85% del turismo dominicano. El Ministerio de Medio Ambiente recogió esa declaración y atribuyó la cifra a actores del sector, aunque no se presentó un informe.
La relación arrecifes-turismo es evidente y medirla requiere precisión. En julio de 2026, una investigación sobre ecosistemas costeros y marinos presentada en el país estimó beneficios económicos cercanos a los US$1,800 millones anuales. La cifra comprende varios ecosistemas, no únicamente los arrecifes de coral. Diario Libre informó sobre los resultados preliminares.
En 2021, el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo, el Ministerio de Medio Ambiente y la Agencia Alemana para la Cooperación Internacional (GIZ) presentaron un estudio que estimó en más de US$1,142 millones anuales el aporte económico de los arrecifes de coral en Bayahíbe, Punta Cana y Samaná, a través del turismo de playa, el buceo recreativo, las pesca y la investigación. La iniciativa buscó impulsar mecanismos financieros innovadores para la conservación de estos ecosistemas en República Dominicana.
Lo población necesita conocer qué aporta cada ecosistema, cómo se calculan sus beneficios y qué pérdidas supondría su degradación. Sin esa información, la conversación corre el riesgo de convertirse en un duelo de cifras.
Cómo están los arrecifes dominicanos
El informe La Resiliencia de los Arrecifes de Coral en la República Dominicana 2025, elaborado por Reef Check y Fundación Propagas. recoge años de monitoreo. Su diagnóstico apunta a un ecosistema sometido a presiones acumuladas.
Entre las amenazas figuran los huracanes, las enfermedades de los corales, el calentamiento del agua, la sobrepesca y la contaminación. El blanqueamiento ocurre cuando los corales, bajo estrés — frecuentemente por temperaturas elevadas —, pierden las algas que les proporcionan buena parte de su energía. Si el estrés persiste, pueden morir.
También existen señales alentadoras en lugares donde aumentan ciertos peces herbívoros y erizos que consumen algas. Estos organismos pueden favorecer la recuperación al limitar la competencia de las algas con los corales. Sin embargo, esa recuperación no significa que todos los arrecifes estén fuera de peligro.
La crisis, además, es mundial. Según la Iniciativa Internacional sobre los Arrecifes de Coral (ICRI) y la NOAA, el 84% de los arrecifes del mundo estuvo expuesto a temperaturas capaces de provocar blanqueamiento entre enero de 2023 y marzo de 2025.
Ciencia para restaurar: ¿cómo aplicar las soluciones?
El Centro de Innovación Marino, de la Fundación Puntacana, combina investigación, tecnología y restauración de corales. Sus programas incluyen viveros, reproducción asistida y técnicas para favorecer el crecimiento de fragmentos coralinos.
La Fundación Puntacana explica sus iniciativas y su trabajo en el Santuario Marino de Arrecifes del Sureste. El centro constituye un ejemplo de colaboración entre ciencia, conservación y sector privado.
Las iniciativas valiosas también plantean preguntas necesarias. ¿Cómo pueden replicarse estas prácticas en otras zonas costeras? ¿Qué recursos requieren? ¿Cómo se medirá su impacto a largo plazo? Y, sobre todo, ¿qué instituciones garantizarán la continuidad de los esfuerzos?
La restauración puede ayudar a recuperar áreas degradadas, mas no constituye la prevención. Si persisten la contaminación, la pesca destructiva y el desarrollo costero mal planificado, reparar el daño será cada vez más difícil.
¿Quiénes presionan los arrecifes y qué puede cambiar?
Entre las amenazas locales están la pesca destructiva, la contaminación, la basura mal gestionada y el desarrollo costero sin planificación adecuada. No todas las personas tienen la misma capacidad para reducirlas.
Un pescador que necesita alimentar a su familia no decide en las mismas condiciones que una empresa que desarrolla un proyecto turístico. Tampoco tiene las mismas oportunidades una comunidad sin recogida regular de basura que un hotel con recursos para gestionar sus residuos.
Por eso, responsabilizar a todos por igual sería injusto. Tampoco sería razonable eximir de responsabilidad a quienes tienen mayor capacidad de decisión, inversión e influencia.
La conservación necesita políticas públicas, vigilancia, inversión privada responsable y participación comunitaria. También requiere información accesible para que la ciudadanía pueda evaluar las decisiones que afectan sus costas.
¿Qué podemos hacer desde donde estamos?
Si visitas un arrecife: no pises ni toques los corales, no extraigas organismos marinos y llévate tus residuos. Algunos ingredientes presentes en determinados protectores solares pueden afectar a los corales. La NOAA comparte algunos consejos también.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) reúne medidas para reducir esos impactos. Usar ropa protectora contra el sol puede ayudar a disminuir la cantidad de producto que llega al agua.
Si tienes un negocio turístico: pregunta por las boyas de amarre y evita que las embarcaciones anclen sobre corales. Capacita a tus guías para explicar las reglas antes de cada excursión. No promuevas la extracción ni la venta de coral como recuerdo.
Si vives de la pesca: respetar las zonas protegidas y evitar artes destructivas ayuda a conservar los hábitats que sostienen las poblaciones de peces. También es legítimo exigir formación, alternativas económicas y apoyo institucional para adoptar prácticas sostenibles.
Si vives lejos de la costa: la basura que llega a una cañada puede terminar en un río y alcanzar el mar. Reportar vertederos, exigir una recogida regular y reducir los residuos son formas concretas de contribuir.
Si eres profesional: ingenieros y arquitectos pueden exigir estudios antes de construir cerca de la costa. Abogados pueden orientar a comunidades sobre sus derechos. Docentes y periodistas pueden enseñar a verificar las cifras y consultar las fuentes originales antes de difundirlas.
Proteger el arrecife es una decisión ciudadana
No se restaura un arrecife únicamente con buenas intenciones. Hace falta ciencia, recursos, políticas públicas y cambios sostenidos en las prácticas que lo deterioran.
Asimismo, la responsabilidad no empieza ni termina en un laboratorio o en una institución gubernamental. También se expresa en cómo visitamos una playa, qué exigimos a una empresa, qué decisiones respaldamos y qué preguntas hacemos ante una cifra llamativa.
No todos tenemos el mismo poder para cambiar situaciones. Sin embargo, cada persona puede contribuir desde su oficio, sus posibilidades y su comunidad. La pregunta es cuánto estamos dispuestos a exigir y hacer para que ese muro bajo el agua siga protegiendo nuestras costas.
